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TERCA Carrito 0

Nuestra historia

Empecé haciendo velas en la mesa de la cocina, con una olla que en casa todavía no me perdonaron y un termómetro prestado. La primera tanda salió torcida. La segunda también. La tercera ya no.

El nombre me lo pusieron antes que a la marca. Me lo dicen desde chica, siempre con esa mezcla de queja y cariño: terca. En algún momento dejé de discutirlo —a mi manera, o sea, sin darles del todo la razón— y lo puse en la etiqueta. Porque hacer todo a mano, de a poco, sin apurar el proceso, es exactamente eso.

Cada vela se arma de a una: la cera se funde, se colorea, se deja descansar, y recién ahí van los hielos, uno por uno, hasta que el vaso parece un café helado que nadie se va a tomar. Si te da un poquito de pena prenderla, es justo lo que quería.

— hecho con ♥, en Rosario